lunes, 19 de diciembre de 2011

Tenía la sensación de haber escuchado tantas veces esa canción

Tenía la sensación de haber escuchado tantas veces esa canción, había algo en su melodía que me resultaba tan familiar a pesar de estar escuchándola por primera vez, que me vi impulsado a abandonar mi camarote para buscar su procedencia. Nada a babor, nada a estribor, nada en popa y nada en proa, salvo la infinita negrura de la noche y el plateado y tembloroso reflejo de la luna sobre el mar.
La canción comenzaba a escucharse cada vez más claramente y por un instante pensé que estaba empezando a volverme loco, sin embargo la repentina irrupción de otros 3 marineros en cubierta, me tranquilizó y despejó mis dudas. No era el único que estaba oyendo aquella música resonando en mi cabeza.

—¿Qué diablos es eso? —preguntó uno de los marineros.
—¿Vosotros también lo oís? —continuó otro.
—Por Theus que sí —Contestó el tercero.

De repente una dulce y femenina voz entonó un cántico lejano al compás de la melodía, congelando la sangre de todos los que estábamos allí.

—Santo Theus… eso es… es… —balbuceó aterrorizado uno de los marineros sin atreverse a pronunciar más palabras.

Cerré los ojos por un instante y suspiré profundamente. En mis 20 años de profesión, tan sólo me había enfrentado a ella en una ocasión y aquella vez escapé vivo de milagro. Para desgracia mía, esta vez, la suerte no estaba de mi lado.

—¡Allí! —Gritó uno de los tres marineros con los ojos desorbitados mientras apuntaba con su dedo hacía algún lugar impreciso del océano.
Instantáneamente todos miramos en aquella dirección y comprobamos con horror cómo el torso de una hermosa mujer, permanecía flotando fuera del agua mientras cantaba su perturbadora canción.

—¡¡Sirenas!! —Gritaron los tres mientras corrían despavoridos hacia el interior del barco para despertar al resto de la tripulación.

Sin perder un minuto, subí apresuradamente las escaleras hasta el timonel, quién permanecía ajeno a todo. Borys era el mejor entre los mejores, por eso le contraté, aunque debo confesar que el pequeño detalle de su completa sordera, me produjo muchas dudas al principio. ¿Qué clase de loco contrata un timonel sordo para su barco?, a pesar de que las malas lenguas decían que se arrancó las orejas para sobrevivir a un enfrentamiento con sirenas, su fama le precedía, y su extraordinaria habilidad al timón pronto despejó cualquier rastro de duda.
Llegué jadeante junto a Borys y le comuniqué en el lenguaje de señas que él nos había enseñado, lo que estaba ocurriendo: teníamos un avistamiento de sirenas a estribor. Borys asintió serenamente y enseguida rectificó el rumbo del barco, virando a babor.

En ese momento, la tripulación salió en tropel a cubierta y, sin perder un segundo, fueron ocupando sus puestos. De fondo, el canto de la sirena se iba haciendo cada vez más claro e intenso.
Volví a mirar hacia donde se encontraba y di gracias a Theus porque esta vez sólo teníamos que librarnos de una. Me precipité. Inmediatamente después vi emerger a la superficie a otra… y otra más. Aquello se complicaba por momentos.
La tripulación se afanaba en preparar los cañones y desplegar las velas en medio de sonoros gritos. Aquél era su único modo de protección frente al canto seductor. Pensaban que, si se gritaban fuertemente entre ellos, no escucharían las voces de las sirenas. Pronto vieron que aquello no sirvió para nada.

—¡¡Bert, no!! —gritó el contramaestre que aseguraba la vela mayor, a un marinero que se había quedado paralizado con los ojos fijos en las sirenas.
—Apártate de ahí, Bert —le gritó otro al ver que su cuerpo caminaba por inercia hacia la borda.
—¡Maldita sea, que alguien le agarre! —Vociferó el contramaestre que seguía encaramado a la mesana.

Uno de los muchachos que transportaba la pólvora hasta los cañones, depositó su barril en el suelo y de un empujón, lo hizo rodar hasta el artillero que preparaba los cañones. Seguidamente, salió corriendo para echar mano al insensato de Bert. Aunque Bert era un hombre bastante enclenque, se resistía con tanta fuerza, que el muchacho que lo sujetaba tuvo que pedir ayuda al verse arrastrado por él. Otros dos hombres más corrieron en su ayuda, y justo cuando parecía que nada iba a impedir que Bert cejara en su empeño, Al-Beidyn atravesó la puerta de salida a cubierta.
Siempre me opuse a que un nativo del Imperio de la Media Luna viajara en mi barco. Trae mala suerte llevar hechicería a bordo, enfurece a la Reina del Mar. Sin embargo, Al-Beidyn, me dio su palabra de que no haría uso de ella mientras estuviera en el barco. De no ser por su innata habilidad cartográfica, nunca le hubiera permitido embarcar en mi navío. Pero, al verle salir a cubierta con expresión seria e inalterable, comencé a arrepentirme de ello.
Al-Beidyn fijó su vista en las tres sirenas y juntando los dedos pulgares y corazón, de ambas manos, comenzó a susurrar unas palabras en su lengua natal. De repente, todos dejamos de escuchar aquel canto mortal. Parecía que habíamos perdido nuestra capacidad auditiva, puesto que las sirenas continuaban moviendo sus labios, mas no podíamos escuchar nada, ni siquiera el inevitable rumor del mar. Y entonces la vi. Una sutil y resplandeciente aura, había cubierto el barco por completo aislándolo sonoramente.

Bert pareció salir súbitamente de su trance, y el resto de la tripulación observaba con sorpresa a Al-Beidyn y al aura resplandeciente, al aura resplandeciente y a Al-Beidyn. Finalmente parecieron entender la conexión entre ambas cosas y estallaron en júbilo ante la victoria.
Enfurecido, me dispuse abandonar el puente de mando en dirección a Al-Beidyn cuando, de repente, un temblor inesperado sacudió el barco y todos enmudecimos. Borys, que había permanecido impertérrito hasta aquel momento, reflejó en su rostro los primeros signos de terror, palideciendo al instante.
Quienes también habían enmudecido, fueron las sirenas que, al notar aquel temblor, cesaron de mover sus labios.
Otro temblor más intenso volvió a sacudir mi barco, espantando también a las sirenas que desaparecieron en cuestión de segundos al sumergirse bajo las aguas. El mar, antes sereno y quieto, comenzó a revolverse originando olas que empezaron a zarandear el navío.
—¡¡Arriad las velas!! —Gritó el contramaestre sacándonos a todos de la petrificación. La tripulación corría de un lado para otro, sin embargo una única persona permanecía inmóvil en su sitio.
Presa de la cólera, bajé a toda prisa las escaleras y me dirigí a Al-Beidyn mascullando que nunca debí haber confiado en la palabra de un Lunar. Cuando llegué a su lado, advertí que sus ojos seguían fijos en el mar, ajeno a todo lo demás. Le agarré de las solapas y le sacudí fuertemente para obligarlo a interrumpir su sortilegio, pero ya era demasiado tarde. De pronto, desde el fondo del mar, comenzó a brotar a la superficie un intenso brillo y Al-Beidyn sonrió maliciosamente. Giré mi cabeza justo a tiempo para ver cómo ella emergía de las aguas. Por segunda vez en mi vida, me volvería a ver las caras con la Reina del Mar.




*Este relato está basado en el mundo creado para el juego de rol 7º Mar. Me apetecía escribir algo así para retomar mi afición por el rol en general, y por este juego en particular. Sirva mi historia de humilde homenaje a todos los jugadores de este juego cautivador. Cómo echo de menos esas partidas...

7 comentarios:

Sara dijo...

No sé cual es el juego, pero pinta interesante.
La frase final es perfecta, el toque justo de misterio para dar lugar a una segunda entrega.

Jan (Niobiña) dijo...

La segunda vez... Y me da que el primer encuentro tampoco fue muy cordial. Me dejas con ganas de saber más...

Besines de todos los sabores y abrazos de todos los colores.

Hell dijo...

Yo siempre he sido reacio a los juegos de rol. Bueno... en realidad soy reacio a cualquier tipo de juego. Es algo innato en mí, lo siento.
Pero si de un juego así, te ha salido una parte de historia como la que has escrito, me gustaría que siguieras alternando ese juego con esa historia, para que, si no acabas la partida, al menos acabes esta historia y no nos dejes en vilo.
Me gusta el argumento y los personajes que has hecho servir. A ver si consigues sacarle más jugo al asunto, oki???
:)

Hell.

Carlos dijo...

He disfrutado con tu narración del cuento del mar que no veas! :)
Me has hecho recordar a un viejo, él decía que marinero, que nos contaba historias marinas y tu historia, muy bien ambientada, tenía esa atmósfera, ese sabor a mar, podía oirse el crujir del galeón, la galerna contra el velamen y las sirenas sirviendo alimento a la muerte, hasta que la reina aparece.

La mar de bien! :)

atenea dijo...

Dime que la historia va a continuar, que nos dejas con ganas de más!!

Me ha gustado mucho la ambientación, los personajes, cómo has ido desarrollando la historia. ¡Quiero más! :)

Besos!!

Emma Grandes dijo...

Después de tanta súplica no puedes no continuar esta trepidante historia!!!! Perfectamente ambientada, descrita y narrada. Curiosamente, cuando he terminado de leerte, he tenido un regustillo a mar salada en los labios... ¡me he sumergido en tu historia a la perfección!

Besos salados desde mi mirilla! :)

wannea dijo...

increible, me has dejado con el corazón a mil! me encantan las historias de piratas, y esta pfff genial genial, habrá segunda parte??? volveré para verlo!

bessos!

PD: por cierto, no se si lo sabes pero el enlace que dejaste en el post del foro no funciona, yo he llegado metiendome directamente en tu blog :)