lunes, 14 de mayo de 2007

Puente de Mayo 2007

Casi dos semanas después de haber vuelto, me pongo a contar lo acontecido durante mi puente de mayo. No tengo tiempo jos, estoy agobiada, necesito otro puente jajaja.

En fin, así fue como pasó...



Domingo, 29 de Abril: Salimos de casa tempranito, a eso de las 7 de la mañana. Tras meter las maletas en el coche (que esta vez, milagrosamente, eran dos nada más), salimos de Madrid con dirección Soria, nuestra primera parada.
A las 10 más o menos llegamos a Soria. Como íbamos a lo que surgiera, a la aventura y sin ningún plan (que es como mejor salen los viajes luego), fue todo muy relajado, sin prisas. Teníamos un día entero para visitar lo que quisiéramos antes de reunirnos con mis tíos al día siguiente, así que aparcamos el coche en el parque de la Alameda de Cervantes, conocido por los sorianos como La Dehesa.
En un principio no vimos el museo numantino que está justo enfrente de donde habíamos aparcado, porque nos habíamos quedado embobados con el parque que es precioso; pero después si reparamos en él y decidimos acercarnos a echar un vistazo. Íbamos a ciegas sin saber que era lo que allí había y nos topamos con una exposición Celtíbera. Nos avisaron de que un arqueólogo estaba dando unas explicaciones acerca de la exposición y que habíamos llegado a tiempo, así que nos reunimos con el grupo que ya había comenzado la visita.
Tuvimos suerte, con lo que me gustan a mí los museos y las exposiciones de culturas antiguas no podía haber sido más acertada la visita (visita por cierto que merece muchísimo la pena y en la que aprendí un montón de cosas sobre los celtíberos). Durante la explicación, el muchacho nos recomendó un lugar a las afueras donde servían Caelia celtíbera (cerveza de trigo elaborada como entonces) y que me quedé con muchas ganas de probar, puesto que la cerveza no me agrada ya de por sí, y tenía mis dudas de que yo sola pudiera terminarme una jarra de tal bebercio. Para la próxima cae, vamos que si cae.
Tras salir del museo, dimos un paseo con intención de ver la ciudad. No sé si sabéis que están celebrando el centenario de la llegada de Antonio Machado a Soria, yo tampoco lo sabía y os aseguro que fue un gustazo pasear por la ciudad con poemas de machado colgando de los edificios y disfrutar de ellos al mismo tiempo que del paseo.
Caminando, llegamos a la Plaza Mayor en donde en ese momento sonaban sevillanas de fondo desde un pequeño escenario. Debian de estar celebrando la feria de abril sevillana lo que me hizo acordarme de un amigo y no pude evitar mandarle un sms. Después nos encontramos con un amabilísimo señor mayor que paseaba tranquilamente por allí y que se acercó hasta nosotros preguntándonos si habíamos visto ya el Palacio de los condes de Gómara y ante nuestra negativa nos condujo hasta él. Nos explicó que normalmente se puede visitar pero que ése día había rumores de que se celebraba un juicio allí y la presencia policial lo confirmaba. Nos quedamos con las ganas pues. Antes de marcharse el hombre nos indicó dos cosas que no debíamos perdernos en nuestra visita a Soria: La Concatedral y el monaterio de San Juan de Duero. Agradecidos, le despedimos y él continuó su paseo.
Yo me quedé flipando, en mi vida había visto que alguien fuera tan amable sin ningún motivo oculto y afirmé que en Madrid sería impensable que un señor, que no fuera guía turístico y que estuviera paseando, se desviara de su ruta matutina sólo para indicarnos los monumentos que no debíamos perdernos. A lo que mi padre respondió "Es que esto es Castilla", y tengo que darle la razón, los castellanos son de lo mejorcito con lo que me he topado hasta ahora.
Siguiendo las indicaciones del amable señor, nos dirigimos a la Concatedral, pero en ese momento no se permitían visitas porque estaban celebrando misa, así que optamos por ir a San Juan cruzando el Duero sobre el puente, que a pesar del paseo mortal, mereció mucho la pena.
Ya de vuelta entramos en la Concatedral y después desandamos todo para volver al coche y abandonar la ciudad, no sin antes hacer algunas compras típicas: mantequilla dulce de Soria, pastas y demás.
De camino nos topamos con la Ermita de San Saturio. Yo me enamoré de la preciosa entrada del paseo y del paseo mismo que conduce a la Ermita, la cual no pudimos visitar porque llegamos a las 13:58 y cerraban a las dos no habiendo visita ese día por la tarde. Queda pues para otro viaje.
En Albelda (Logroño) hicimos una parada para comer en un restaurante de la carretera porque ya se nos hacía muy tarde y corríamos riesgo de que cerraran las cocinas y nos quedáramos sin comer. Tras la comida, estupenda por cierto, nos dirigimos a Nájera, nuestro destino.
Una vez llegado allí, encontrado el hotel y dejado las maletas, nos informaron en recepción que había un mercado medieval ese fin de semana en el pueblo. Lo que faltaba para redondear el día, no me gustan a mí ni nada los mercados medievales...
Así que dimos un paseo por el precioso pueblo de Nájera, del que quedé prendada y al que pienso volver, y callejeamos un poco por su mercado medieval haciendo algunas compras inevitables :P. Después de eso volvimos al hotel a descansar un poco, cambiarnos y cuando hubo caído la noche volvimos a salir de paseo por el pueblo, que de noche es mucho más bonito todavía. Esa noche ninguno de nosotros cenó porque la copiosa comida nos quitó el hambre para el resto del día, así que nos acostamos enseguida nada más volver del paseo nocturno.

Lunes, 30 de Abril: Nos levantamos prontito y decidimos visitar el monasterio de Santa María la Real antes de abandonar el pueblo, e hicimos bien porque es muy bonito.
Nos reunimos después con mis tíos a la salida de Nájera y emprendimos todos el camino hasta Calahorra, nuestro siguiente destino. Una vez llegado y dejado el equipaje, salimos hacia Olite, para visitar su castillo que ahora es un Parador Nacional. Impresionante, precioso, nos gustó tanto que decidimos quedarnos a comer allí cerquita del castillo. Y por fin, después de estar en tierra de buenos vinos, me decidí a probarlo aun sabiendo que no me gusta el vino y que si lo bebo tiene que ser con gaseosa. Pues con gaseosa y todo el vino estaba de muerte, y eso que era vino de la casa normalito.
Tras despegarme con pena de la media frasca de vino que quedó de la comida, cogimos la carretera nuevamente hasta llegar a Pamplona. Tuvimos la mala suerte de que nos llovió a mares y no pudimos disfrutar bien de la ciudad, pero como no hay mal que por bien no venga hicimos una parada en un bar y probamos los pintxos que le dan fama a la ciudad.
Calados y agotados, volvimos a Calahorra en donde decidimos que la cena sería en un burguer king del centro comercial cercano al Parador donde nos hospedábamos, porque no estábamos para dar vueltas en busca de un restaurante y además estaba lloviendo sin parar. Así pues, tras la cena regresamos a las habitaciones y el agotamiento me indujo a un sueño casi inmediato.

Martes, 1 de Mayo: Dejamos Calahorra temprano y nos dirigimos a San Millán de la Cogolla, para visitar el monasterio de Yuso quedándonos con las ganas de subir al otro monasterio, el de Suso, que está en la parte alta de la montaña porque llovía demasiado y había que esperar un autobús que nos subiera ya que no se podía subir en coche. Queda también para otra ocasión.
El broche fue de lujo, pues el monasterio de Yuso me gustó especialmente. Allí descubrí los primeros tomos que tenían constancia del nacimiento de la lengua castellana y muchas otras cosas interesantes en la visita, como los restos de San Millán, santo muy milagroso, que reposan en el monasterio. No podía irme sin "charlar" un rato con él.
Acabada la visita, dimos una vuelta por los alrededores del monasterio, encontrando una tienda que vendía souvenirs y en la que no pudimos evitar llevarnos recuerdos para todos. Lo que me sorprendió fue la paciencia :P, que tuvo el dueño conmigo explicándome amablemente aquello que le iba preguntando acerca de unas láminas con el alfabeto basado en la escritura de los monjes en los libros de castellano antiguo. Me traje también algunos productos de belleza realizados con vino, lo que me dijo que era "vinoterapia" y me resultó la mar de curioso.
Después de las compras, buscamos un lugar donde comer y finalmente optamos por El asador de San Millán, que se encuentra enfrente del monasterio. Hago especial mención porque nos atendieron estupendamente a pesar que había la tira de gente allí, y comimos más que bien con el menú de 8 platos a elegir. Todo delicioso, hasta el vino, no pude resistirme y lo volví a pedir en la comida, con la diferencia de que me gustó tanto, que al final le pregunté al camarero que nos atendió si me podía llevar a casa la media botella que me sobró y me dijo que no había ningún problema jajaja :P. Para más inri de postre pedí peras al vino, a lo que el camarero (que era el maître) me hizo el favor de dar aviso para que me reservaran algunas porque no sabía si quedaban ya. Lo cierto es que me dio pena y todo marcharme, porque hasta cuando nos íbamos, en la salida misma, estuvo charlando un rato con nosotros distendidamente. Da gusto dar con gente tan simpática. Amenazo con volver.
Así que después de comer y subirnos al coche, emprendimos el larguísimo camino de vuelta a casa que se me hizo eterno y acabé de coche hasta las pelotas. Agotada pero encantada, llegué a Madrid bien entrada la noche, dando así por terminado mi fabuloso puente de Mayo.

Jo, ahora que lo escribo y voy recordando me invade la nostalgia, yo quiero volveeer sniff. Lo cierto es que después de tanto tiempo sin vacaciones, lo cogí con ganas, lo necesitaba en verdad. Y lo pasé genial, y me dio mucha pena que se acabara, pero en el fondo había un motivo especial por el que me alegraba de volver...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay que joderse, uy perdón...

Hay que jorobarse, jolines con las extrañas señales

Que si la buena gente de Castilla...
Que si el mercado medieval...

oyoyoyoyoyoy ala un abrazo