miércoles, 25 de junio de 2008

Impresiones y crónica final

Las fiestas de Torrejón'08 no voy a olvidarlas nunca. Han sido los mejores y más intensos 5 días de mi vida. Durante 5 días mágicos he bailado, he cantado, he gritado, he conseguido estar cerca de personas a las que admiro profundamente, me he hecho fotos con ellos, he conseguido sus autógrafos dedicados, he comprobado que son buena gente, y he disfrutado de sus conciertos como nunca lo he hecho.
También he sacado los pies doloridos e hinchados, algunas llagas, agujetas hasta en las pestañas, una afonía, un cansancio extremo, un odio recalcitrante por mi puñetera cámara de fotos, y un cariño especial por los que, desde este momento, pasarán a ser mis pantalones de concierto.

Aunque ha habido momentos durillos, TODO ha merecido la pena y lo volvería a hacer sin ninguna duda.

Han sido tantos momentos especiales en estos cinco días, que si no les hubiera hecho una foto o grabado en vídeo, creo que pensaría que todo ha sido un sueño pues aún hoy, estoy como flotando en una nube maravillosa que espero que dure mucho tiempo. El testimonio gráfico de todo ello, lo podéis encontrar aquí.

Si tenéis mucho interés en los conciertos que se han celebrado, estoy segura de que si buscáis, encontraréis ;).

Me quedo con un recuerdo especial porque es el que mejor resume todo y el que desencadena el resto cuando cruza fugaz por mi memoria; y es ese olor a humo artificial y a escenario, a tierra mojada, cerveza y Kalimotxo... ese olor a concierto que se ha grabado con fuerza en mi.

Una vez más quiero agradecérselo al ayuntamiento que se ha currado las fiestas de este año y eso se ha notado. Unas fiestas que han sido perfectas desde el principio hasta el fin, con ese irrepetible concierto y ese apoteósico castillo de fuegos artificiales que han puesto el mejor broche de oro que puede uno imaginarse. Sólo me queda añadir: ¡¡Ole, ole y ole!!.


Llegó el momento de desmontar el escenario, de guardar los amplificadores y los focos, de recoger la carpa blanca y el año que viene, quizá, volver a desempolvarlo todo y ¿quién sabe?, igual hasta la magia vuelve a concederme el deseo de otros cinco días inolvidables.

Concierto de Hombres G y fin de fiestas

Último día de conciertos. El cansancio acumulado deja huellas visibles en mí. No es precisamente fácil vivir cinco días seguidos de conciertos, durmiendo y comiendo regular. Si a esto añadimos la falta de costumbre, la cantidad de horas acumuladas que se pasa de pie, saltando, bailando y gritando, y unas condiciones físicas y de salud por debajo de lo óptimo; mi “hazaña” todavía tiene más posibilidades de ser catalogada como locura. Y tal vez lo sea un poco, pero qué le voy a hacer… estoy como un cencerro xD.

Agotada y todo, pienso echar el resto esta noche. Así fue como la viví:



Como es el último día de conciertos y ya tengo cierta experiencia, me lo tomo con más tranquilidad (aunque no descarto que el cansancio haya tenido mucho que ver en la parsimonia que me embarga hoy), y salgo de casa a eso de las 22:15. Por el camino hago una especial llamada de teléfono y eso me sirve para comenzar la noche con entusiasmo.

El recinto aún no está lleno y consigo colocarme cerquita del escenario como ya estoy acostumbrada :P. Esta vez me falla la estadística y muchos que, como yo, habían pensado que los conciertos siempre se retrasan, también se equivocan.
A las 22:30 el panel de vídeo que han colocado en el fondo del escenario comienza a funcionar con unas imágenes del grupo, lo que coge por sorpresa a más de uno que llega corriendo al recinto. En cuestión de instantes, el lugar se llena a rebosar, lo que no me sorprende tratándose del grupo que es, pero aun así la visión impresiona. Nunca he visto tanta gente en un concierto y eso que he visto varios durante esta semana.

A las 22:33, Hombres G salta al escenario. Hasta ahora es el único grupo que ha sido puntual y confieso que eso me sorprendió.
Desde el primer momento la gente respondió bailando con entusiasmo. El sonido es bestial, mucho más potente que en ningún otro concierto de los cuatro en los que he estado, y como estoy cerca del escenario, mi caja torácica vibra internamente con cada nota.

Al terminar la primera canción, David se dirige al público “¡¡Muchísimas gracias Torrejón, buenas noches!! Es un inmenso placer compartir esta fantástica noche de verano con todos vosotros y sólo esperamos que lo pasemos todos de puta madre. ¡¡Venga vámonos!!” y seguidamente enlazan con la segunda canción de la noche: El ataque de la chica cocodrilo.
Todos la cantamos con ellos y a su término, la agradecemos con entusiasmo entre aplausos, gritos y silbidos de aprobación.






David nos dice: “Muchas gracias. Es un placer estar aquí en casita… Esta canción que vamos a tocar ahora, la hicimos para transmitir buen rollo a la gente y para que nos levantáramos todas las mañanas y pensáramos que es un buen día para ser feliz. En una noche como esta, es facilísimo, porque es la noche más agradable de estos últimos días rodeado de amigos, y os voy a dedicar esta canción que es una pastillita y que se llama Me siento bien”.

El buen rollo que se vive en el concierto me llega a poner la carne de gallina en más de una ocasión. Es impresionante lo que allí se respira y se vive, emocionante e intenso, y eso que sólo llevamos pocas canciones…

Poco a poco ese espíritu se apodera de la gente que empieza a bailar y cantar con tal fuerza que el concierto se convierte en LA LOCURA con mayúsculas.
Uffffff se me eriza el vello cuando lo revivo y es que son tantas cosas las que se concentran allí esa noche… recuerdos de otra época, música que nos ha acompañado en momentos irrepetibles de nuestras vidas, la entrega absoluta y total de todos los miembros del grupo que disfrutan con cada acorde y nos hacen disfrutar a nosotros… IMPRESIONANTE.
Con tal ambiente, es imposible no dejarse llevar y yo claudico dejándome arrastrar. Me siento mucho más ligera, como si me hubiera quitado un enorme peso de encima, como si de un plumazo se hubieran diluido todas esas nubes grises que oscurecían mi cielo. Me siento resurgir, renacer, la fuerza y la vida vuelven a correr por mis venas calentando mi sangre y fluyendo por cada rincón de mi cuerpo. Grito, silbo, coreo, aplaudo y río como si nunca antes en mi vida lo hubiera hecho, o como si fuera la última vez en mi vida que fuera a hacerlo.

Después, la banda se crece ante el éxtasis total que nos están produciendo y nos sueltan un Voy a pasármelo bien que retrata a la perfección el momento que se está viviendo.
Tan metida estaba en ese torrente de sensaciones y emociones, que cuando llegaron al final de la primera parte del concierto, se me había hecho cortísimo.
Nadie quiso que aquello terminara, por lo que David volvió a salir al escenario ante el aclamo enfervorizado del público para atacar el comienzo del espectacular bis que nos dieron con una preciosa balada: Temblando; y temblando me dejó a mí.
Luego, se vivieron momentos impagables como este:






Finalmente cantaron Marta tiene un marcapasos y Sufre mamón, y dieron por rematado el concierto ante el aluvión de ovaciones de todos los que estábamos allí.


La, literal, avalancha de gente que se acerca a las vallas de seguridad para verlos, me hace desistir de intentar conseguir un autógrafo y como es medianoche pasada, decido regresar a mi casa para ver los fuegos artificiales que anuncian el fin de las fiestas de este año. Pero no me da tiempo a llegar, ni siquiera me da tiempo a abandonar las proximidades del recinto cuando los primeros cohetes surcan el cielo a toda velocidad y estallan sonoramente paralizando la fiesta y congelando a todo el mundo en el sitio mientras volvíamos la vista al cielo.
Allí, en el parque, disfruto del castillo de fuegos artificiales que es un auténtico gustazo pirotécnico; un espectáculo visual de formas y colores, de cohetes raros con forma de flor, estrella o corazón, de cohetes con forma de cometa espacial que subían, bajaban y volvían a subir.

Lo cierto es que el espectáculo nos encandiló a todos porque no dejaron de repetirse expresiones como ¡Ohhhhh! ¡Qué bonito! Durante el tiempo que duró. En ocasiones hasta arrancaron aplausos espontáneos, tras algún que otro sorprendente cohete.
La impresionante traca final ha sido el colofón perfecto: miles de cohetes tirados desde tres puntos distintos, iluminaron el cielo de Torrejón y lograron que, por un instante, pareciera de día.


Nunca he disfrutado tanto unos fuegos artificiales y cuando terminó el espectáculo pirotécnico, todos silbamos y aplaudimos, y la fiesta volvió a retomar su ritmo normal.
Por el camino compruebo que no sólo a mí me ha parecido impresionante a juzgar por los comentarios que escucho de la gente con la que me cruzo “En mi vida había visto cosa igual”.


Como las fiestas de este año han sido las mejores de toda mi vida, decido añadir el recuerdo a mi vida cotidiana para tenerlo siempre presente, de modo que en lugar de volver a casa, me dirijo a la zona donde están los puestos ambulantes a comprarme una pulsera para añadirla a mi muñeca derecha, hecho que ya es toda una tradición para mi: momento para no olvidar nunca=pulsera.


En esta ocasión son dos las pulseras que añado a mi colección y tras una amena charla con el encargado del puesto ambulante, ya puedo regresar a casa contenta. No obstante, dilaté todo lo que pude el camino de regreso porque sabía que aquello significaba el final, que todo lo que había vivido en los últimos días, acabaría en el mismo instante en que cruzara la puerta de casa.


Luego, una vez dentro de casa, cerré la puerta tras de mí y me dirigí al salón para desplomarme en el sofá, momento en el que dejé fluir lo que se me atoraba en el pecho y le di rienda suelta a mis lágrimas mientras daba gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de permanecer con vida para vivir todo lo que había vivido en los últimos días.
Cuando me vacié de lágrimas, me sentí llena de muchas cosas y con las fuerzas suficientes para subir las escaleras hasta el segundo piso y sentarme frente al pc para narrar la crónica de la noche. Sin embargo, algo dentro de mí se resistía a hacerlo, por lo que únicamente coloqué el titulo del post y después me puse a pasar y editar las fotos y los videos del concierto.
No fue hasta las 6 de la mañana cuando, después de que el youtube finalmente subiera el video que quería subir, decidí que había llegado el momento de irse a la cama a pesar de que no quería que acabara esa noche. Estaba exhausta y necesitaba descansar, así que me metí en la cama y me dejé caer en los brazos de Morfeo quedándome dormida sin darme ni cuenta...

lunes, 23 de junio de 2008

Concierto de Chambao

Supongo que alguien se extrañará de verme por aquí escribiendo mi crónica tan pronto (y más sabiendo que hoy tocaba Chambao a las 22:30), pero no adelantaré acontecimientos y comenzaré por donde se debe comenzar; el principio…



Por unas cosas o por otras, hoy se me ha hecho más tarde que de costumbre, así que me he tenido que duchar, arreglar a la carrera y salir a la calle sin cenar (tampoco había comido, por lo que la cosa tenía más delito). A eso de las 22:20, llego al recinto donde actúa Chambao esta noche, que ya está bastante lleno.

Me fijo en que alguien del equipo enciende lo que parece ser un recipiente con incienso y lo deposita en la tarima donde está ubicada la bateria, cosa que me resulta curiosa...

Sin embargo y por problemas técnicos con la iluminación, no veremos a La Mari hasta bien pasadas las 23:00, momento en el que los silbidos y pitidos de los impacientes seguidores, se transforman en aplausos y piropos al verla abandonar las bambalinas y caminar descalza hasta el centro del escenario.
No nos hace esperar más y se arranca con la primera de sus canciones, poniendo a todo el mundo a bailar y cantar con ímpetu.


Una vez terminada la canción, que el público agradece con sendos aplausos, La Mari, sonriente, se dirige a nosotros: “-Buenas noches, gracias por haber venido y gracias al ayuntamiento por hacer conciertos gratis, ¿e o no?” y nos arranca un aplauso colectivo y unas sonrisas. Esta mujer es única, sin duda.

Con la segunda de sus canciones pide nuestra colaboración con un “Vamo a tocar lah parma o argo, ¿no?” y nosotros respondemos sin demora.
El ambiente es de un buen rollo impresionante, lo que me sirve para confirmar que un concierto de Chambao es casi una experiencia mística. El sonido: brutal; la música: de lo mejor; y esa Mari con ese arte que no se pué aguantá… toda una experiencia.

Al terminar la cuarta canción, y viendo la cantidad de cámaras que la están grabando, La Mari vuelve a dirigirse a nosotros:





En el fondo tiene toda la razón y por eso no creo que nadie deba tomárselo como algo personal. Yo también estaba grabando y no por ello me sentí amonestada; porque estaba grabando para tener un recuerdo, sí, pero eso no me impidió ni cantar, ni dar palmas ni disfrutar del concierto. Es más en ocasiones yo también me he dicho “joder que coñazo tener que estar grabando” y eso me ha impedido disfrutar plenamente la actuación, sin preocuparme por estar pendiente de templar el pulso para que aquello no pareciera un terremoto.

El caso es que al comenzar la quinta canción, se levantó un inesperado aire que descolgó uno de los carteles laterales con el nombre del grupo. Estaba tan metida en el disfrute del concierto que, hasta ese momento, no me di cuenta de que el tiempo estaba cambiando. Eso me angustió un poco porque vi la forma violenta en que se movían los árboles, y supe que se avecinaba una tormenta acojonante. Y no me equivoqué…






La gente se empezó a revolucionar y La Mari, con ese arte que sólo ella tiene, exclamó “-A ver, un momento que la están peinando… - y el viento comenzó a soplar descontroladamente a lo que ella espetó -¡¿Pero qué le pasa ar vientooooooo?!”.

Instantes después la cosa pareció aplacarse y el grupo se arrancó con la sexta canción, pero solo fue un amago porque el viento volvió y esta vez acompañado de llovizna. Eso no parecía un problema para la gente; se estaban mojando pero nadie se movió de allí.
Sin embargo, la lluvia comenzó a apretar y La Mari no pudo ni terminar la canción en condiciones. Tuvo que hacerle un gesto a su grupo para que cortaran cuando la canción todavía no había llegado a su fin y abandonaron el escenario rápidamente.
En ese momento fue cuando llegó el diluvio. El personal de seguridad, viendo el peligro que suponía aquello, comenzó a pedir a la gente que se separara del escenario, pero nadie quería irse. Empapados y todo, permanecimos allí con la esperanza de que fuera una nube pasajera. No fue así, ni mucho menos; se trataba de un diluvio de los grandes.






Visto el percal, alguien cogió un micrófono y pidió a todo el mundo que, por seguridad, abandonaran las proximidades del escenario. Por fin la gente entendió que, con el viento que hacía y el agua que estaba cayendo, permanecer cerca de esas torres que vibraban con los golpes de aire, y esos amplificadores con esas cargas eléctricas, era poco más que una temeridad.
“El concierto de Chambao se suspende”, anunciaron seguidamente y yo solté un ¡Nooooo! que acompañó al fastidio general.
Acto seguido la gente comenzó a abandonar el recinto a la carrera, mientras unos cuantos valientes permanecimos allí impertérritos, moviéndonos, eso sí, a un lugar más seguro. Algunos incluso se arrancaron a cantar papeles mojados, lo que me pareció todo un ejemplo de ese refrán que dice: al mal tiempo buena cara.
La lluvia no tenía ninguna intención de parar y los pocos que no se habían marchado ya, por esperar a que escampase, fueron abandonando el lugar a medida que la lluvia daba un pequeño respiro.


Yo permanecí allí sin saber muy bien qué hacer, pero cuando ví que los operarios comenzaron a desmontar el escenario y a guardar los equipos de sonido, me di por vencida y asumí que ya no iba a escuchar más a Chambao por esta noche. Así que aproveché un momento que pareció amainar, y me volví para casa cabizbaja con una mezcla de rabia y pena dentro de mí.
"Tenía que llover justo en ese momento, ¡coño!, no podía haber sido después de que terminara el concierto".
En fin, qué se le va a hacer, la naturaleza es la naturaleza y contra eso no se puede luchar. Igual esto me servirá para descansar un poco más, que llevo cansancio acumulado y mi salud comienza a resentirse; pero yo quería ver a Chambao joooooooo :(.

De todos modos, pienso volver a ir a un concierto de Chambao, sea como sea.


Veremos a ver qué pasa mañana porque aún queda un concierto, el de los Hombres G, y además falta también la quema de los fuegos artificiales… como el tiempo no nos dé tregua, las fiestas de este año van a terminar dejándo a más de uno con un amargo sabor de boca como broche final.

Concierto de Diana Navarro

Tercer día de conciertos y estoy agotada. Este ha sido el más demoledor, en todos los sentidos, pero sigo viva... o eso, o es mi zombi el que escribe xD.



Esta noche actúa Diana Navarro en el recinto centro, detrás del ayuntamiento. Yo vivo en las afueras del pueblo, así que la caminata hasta allí es de órdago. Por ese motivo decido cogerme el autobús, aunque ignoro la frecuencia del servicio en las fiestas del pueblo.

Como soy bastante previsora, salgo de casa con la suficiente antelación, ya que tenía el temor de perderme buscando el recinto porque no sabía exactamente dónde estaba ubicado. Total que me siento bajo la marquesina a esperar el bus, y a eso las 22:30 pasa por mi barrio. Lo cojo aliviada porque voy bien de tiempo y ya me veía teniendo que hacer el recorrido a pie, y a paso ligero, hasta el centro.
El bus va prácticamente vacío y no hace muchas paradas para recoger y dejar viajeros, así que llego al centro del pueblo sin retrasos. Una vez allí, me doy un pequeño paseíto con tranquilidad en busca del lugar donde se va a celebrar el concierto. No tiene mucha pérdida, la música de la orquesta que en ese momento está actuando, me guía hasta el sitio en cuestión.
Al llegar, me llevo una gran impresión: “Si hay cuatro gatos colega”, me digo un poco decepcionada al ver que aquello está prácticamente vacío. El recinto en cuestión es un aparcamiento en superficie, donde han colocado dos escenarios: uno pequeñito para la orquesta que toca antes y después del concierto de Diana, y otro más grande para ella.
Hay bastante iluminación y, a un lado, un chiringuito de bebidas con mesas (ocupadas todas, vaya una a saber desde qué hora), pero el aspecto es un tanto cutre. Eso me dio cierta pena; igual es el amor de fan lo que me ciega, no digo que no, pero pienso que Diana se merecía algo más adecuado a su categoría.
En fin, que una se conforma con cualquier cosa, el caso es ver a Diana sea como sea.

Son las 23:00, aún me queda una hora, más el tiempo de cortesía hasta que empiecen a sonar los primeros acordes, que suele ser una media hora más. En total me queda todavía una hora y media pero no me preocupa; esperar es casi lo único que se hacer bien.
Durante esa hora y media me dio tiempo a sentarme un poquito en unas jardineras (incómodo, sí, pero es mejor que el suelo), y a acercarme al chiringuito de bebida que había apostado en la zona. Al ver el precio de las bebidas, se me quitaron de golpe las ganas de beber algo frío, así que me apañé con mi botella de agua templada.
Mientras espero, escucho a la orquesta y hasta me animo a bailar, sentada eso sí, algunas canciones.

A medida que pasa el tiempo, la gente comienza a llegar, sobre todo hombres que vienen comentando que España ha pasado a semifinales en la tanda de penaltis. Ahora me explico por qué no había apenas hombres en el recinto…

A eso de las doce menos veinte, veo que si no me levanto de la jardinera, me quedo sin sitio cerca del escenario y eso es una putada teniendo en cuenta que llegué una hora antes al lugar, así que me acerco al escenario y me acoplo en el centro, en segunda fila.

A las 24:00 aquello estaba a rebosar de gente, la mayoría personas de la tercera edad, unos pocos jóvenes y algún que otro infante.
Pasadas las 24:15 la gente se impacienta, a pesar que que habían puesto buena música de fondo como Eric Clapton cantando la versión blues de Layla, y comienza a pedir la presencia de Diana, lo que me causa una risa que me cuesta disimular al comprobar que las personas de avanzada edad, son mucho más impacientes y folloneras que los jóvenes (y ya había estado en varios conciertos para fundamentar mi teoría).

A las 24:30 y ante la insistencia de la gente, los músicos comienzan a ocupar sus puestos y las luces se apagan. Momentos después, Diana Navarro hace su aparición en el escenario: preciosa de rosa y azul, guapísima, con una sonrisa resplandeciente y rebosante de arte y elegancia por todos sus poros. Yo la había visto en vídeos y entrevistas, pero de cerca impresiona; es mucho más guapa al natural, con diferencia.

Diana agradeciendo los aplausos de bienvenida.



Si verla tan de cerca ya me había impresionado, cuando comenzó a cantar ya fue la repera. ¡Madre mía que garganta tiene esta mujer, es un prodigio! Menos mal que no soy la única que se da cuenta, porque en todo el concierto no pararon de gritarle cosas como ¡Guapa! ¡Olé!, ¡Eres la perla de Andalucía! ¡Viva Málaga! Y ¡Viva la madre que te parió!


Diana guapísima.




Tras la primera canción, Diana se dirige a nosotros: “-Buenas noches torrejoneros y torrejoneras es un placer estar aquí esta noche [… ] ¡que hemos ganao!” dice refiriéndose al partido de fútbol contra Italia, y exclamo para mis adentros “Qué salá”. Seguidamente nos deleita con otra canción, en la que nos anima con palmas y nosotros, que no hacía falta animarnos mucho, le acompañamos entusiasmados.



Juro que me pasé todo el concierto haciendo pucheros y haciendo un esfuerzo sobrehumano para no dejarme llevar por el torrente de emociones que me provoca Diana y ponerme a llorar como una descosida.


Después llegó el momento de una canción enorme Mira lo que te has perdido y temblorosa, lucho por estabilizar la cámara y darle al rec.







Con la carne de gallina, temblando y los ojos humedecidos, consigo grabar este momento que guardaré en mi memoria en el mejor de los rincones.

Canción tras canción, Diana se crece y la magia se apodera de todo el mundo, incluida ella misma, quien recibe la energía positiva que flota en el ambiente y así nos lo hace saber. Se está convirtiendo en un concierto mágico, emocionante, irrepetible, la hostia hablando en plata.

Llega el momento de despedirse y Diana nos da las gracias a todos asegurándonos que nunca olvidará esta noche, y yo te aseguro Diana que tampoco la olvidaré. Y tampoco la totalidad del publico que estaba allí, pues no dejaron de pedir ¡Otra, otra! entre palmas y vítores.

Diana no nos hizo esperar mucho y enseguida atacó con un bis espectacular en el que dedicó un momento a los agradecimientos y se vivió otro gran momento con una fenomenal improvisación de los músicos mientras ella bailaba.






El broche de oro lo pusieron Sola, canción con la que se dio a conocer, y Mare mía. Después se despidió emocionada de todos nosotros ante el aluvión de ovaciones y se desvaneció entre bambalinas como un sueño maravilloso, mientras los músicos tocaban los últimos acordes.

La gente no tuvo prisa en marcharse, de tal forma, que para cuando los músicos terminaron de tocar, todavía quedábamos muchos para despedirles también a ellos con aplausos.


Sin dudarlo un segundo, me coloqué tras las vallas de seguridad para verla abandonar el recinto (le estoy cogiendo el gusto a esto jajaj :P), puesto que desconocía si Diana se acercaría a firmar autógrafos o se marcharía enseguida.

Un rato de espera después alguién preguntó si podían ver a Diana para que les firmara un autografo, y un miembro del equipo de seguridad nos dijo que no sabía si iba a salir, así que le entregaron un CD y le pidieron por favor que se lo acercara a Diana para que se lo firmara. El muchacho fue muy amable y así lo hizo.
Cuando regresó me dije “esta es la mía” y saqué de mi bolso el programa de las fiestas donde aparecía la foto de Diana junto a la información del concierto, y se la entregué al muchacho junto con un boli, pidiéndole por favor, que si se lo podía dar a ella para que me firmara un autógrafo. Con el barullo de la orquesta de fondo que se puso a tocar después de que terminó el concierto, el muchacho no se enteró bien de mi nombre y en lugar de Malena, Diana me puso Manela en la dedicatoria. Un detalle que, con lo ilusionada que estaba, no me importó lo más mínimo. Vamos que estaba tan contenta, que casi le planto un beso al muchacho cuando me trajo de vuelta el programa.
Entonces alguién le preguntó si ella no tendría alguna foto firmada para regalársela y el muchacho anunció que iba a salir ella misma dentro de un momento. ¡Lo que me faltaba a mi!, vamos que no me movía de ahí ni a rastras hasta que la viera. A pesar del enorme cansancio que tenía acumulado y del dolor de pies y piernas, aguanté allí hasta el final y eso tuvo después su recompensa.

Tras largo rato, mucha de la gente que estaba esperando, se cansó y se marchó, pero yo hasta me decía a mi misma “si me tengo que quedar aquí hasta que amanezca, me quedo”.
Por fin la veo aparecer al fondo y los valientes que quedábamos aún al pie del cañón, la recibimos con aplausos. Venía con otra mujer (desconozco quién era, pero parecía alguien de su equipo personal), se había cambiado de ropa y traía entre las manos un taco de fotografías suyas, un rotulador negro y la mejor de sus sonrisas, dispuesta a repartir autógrafos entre los que estábamos allí.

¡Dios mío pero que mujer más guapa, mas simpática y mas buena gente! Aguantó estoicamente la avalancha de personas de la tercera edad que se colaban en la cola sin miramientos exclamando “dame una foto, guapa”. Algunos ni sabían de dónde era porque se lo preguntaron, cosa que me resultó bastante curiosa.
Mientras firmaba autógrafos, aproveché para hacerle unas fotos con el móvil, porque no quería arriesgarme a sacarlas con la cámara y que salieran desenfocadas. Y desenfocadas no salieron, en vez de eso salieron algo oscuras porque tenía miedo de que el flash las oscureciera aún más habiendo tanta gente por medio donde la luz pudiera reflejarse.

Cuando Diana se acercó a mí, la saludé entusiasmada con un "hola" al que ella respondió con otro "hola" acompañado de una resplandeciente sonrisa. Le dije mi nombre y mientras me autografiaba su foto, le dije: “Has estado genial” y me respondió "muchísimas gracias" mirándome a los ojos, con otra resplandeciente sonrisa (Confieso que aquí también tuve que luchar contra la emoción para no ponerme a lagrimear).

Al entregarme la fotografía, le di las gracias emocionada y me retiré un poco a un lado para dejar paso al resto de gente que clamaba por un autógrafo. Pero no podía irme, quería seguir allí en compañía de esa increíble mujer aunque fuera de lejos; a mi me bastaba con verla. Así que me quedé allí todo el tiempo, hasta que firmó el último autógrafo y se hizo la última foto. Estuvo súper atenta, cariñosa y sonriente durante los 10 minutos que la tuvimos allí “retenida”.

Tras hacerse la última foto con una fan, se dispuso a marcharse y yo la despedí de lejos con la mano y con una sonrisa (éramos las dos únicas personas que quedábamos allí), gesto al que correspondió sonriente, despidiéndose también con la mano. De repente se para, se da la vuelta y se dirige a mí para decirme:
“¿Quieres una foto?” y lo cierto es que sí me hacía ilusion, pero sin nadie que me la hiciera no podría obtenerla, y asi se lo dije: “-Es que si no me la saca nadie va a ser un poco difícil manejar el móvil yo sola”. Ella me respondió “Claro, hombre, ahora mismo te la sacan” y le hizo un gesto a la mujer que estuvo acompañándola todo el rato para que se acercara.

No quería robarle más tiempo a Diana, así que no pasé la valla y desde detrás mismo le entregué el móvil a la mujer explicándole como funcionaba la cámara.
Diana me dijo: “-Como te he visto ahí todo el rato, pensé que querrías una foto… ¿a ti te he dado un autógrafo ya, no?” mientras cariñosamente me cogía por la cintura preparándose para la foto. Yo asentí y, con cierta vergüenza, le agarré a ella también de la cintura.

Con el barullo que había de fondo, la mujer que tenía mi móvil no debió entenderme bien y mantenía apretado el botón de disparo sin que sucediera nada. “Ya lo tengo apretado” me dijo viendo que no salía la foto y justo cuando le estaba explicando que debía soltar el botón, nos hizo la foto. Yo salí horrible, cual azafata de tren fantasma, con la boca abierta y los ojos rojos, (qué le vamos a hacer, una es así de horrible xD. De todos modos nunca me gusto en las fotografías, así que eso es más cosa mía creo yo).

Una vez hecha la foto, despedí a Diana con dos besos y un “gracias guapa” a lo que ella respondió con otro “gracias” y una sonrisa. También se lo agradecí a la mujer cuando me devolvió el móvil y las despedí con la mano y un adiós, al mismo tiempo que Diana me dedicaba otro adiós agitando también su mano sin perder la sonrisa. Luego nos echamos a andar, pero por el camino miré hacia atrás por última vez mientras veía cómo desaparecía a lo lejos.


Después me quedó una caminata de la hostia hasta mi casa. Tanta fue la cosa que llegué a casa al filo de las 3 y media y con los pies hinchados y doloridos.


En morado aparece el camino que recorrí hasta llegar a casa. Después de varias horas de pie y esa caminata acojonante, casi muero por el camino.





Ha sido una noche increíble: mágico concierto y mágica mujer. No tengo palabras. Si antes ya me gustaba Diana, ahora ya puede considerarme como una fan incondicional.
Es tremendo lo que desprende esta mujer, su sencillez, su amabilidad, su magia y su sonrisa, te atrapan sin darte cuenta. ¡¡¡Diana, yo te pongo un kiosco en la Gran Vía, o un piso o lo que quieras, guapaaaa!!!




Quedan dos conciertos y yo comienzo a resentirme seriamente… ¿aguantaré viva hasta el martes?

domingo, 22 de junio de 2008

Concierto de Dover

Segundo día de conciertos. El cansancio se empieza a notar, pero aún me queda mecha para rato.
Esta vez, llego al recinto del concierto a eso de las 22:30, porque me había ido antes a dar un paseo por la feria y eso me retrasó bastante.
No obstante, veo que la gente comienza a llegar a partir de las 22:30. Hemos aprendido la lección de que los conciertos siempre empiezan media hora más tarde de lo previsto xD.
Esta noche hacía menos calor, corría una brisita agradable y eso era muy de agradecer.

Como viene siendo habitual en los conciertos de Torrejón, acude gente de todas las edades y poco a poco el recinto se va llenando. A las 23:00 apagan las luces y una cortina blanca cae de repente impidiéndonos ver el escenario. La gente silba y la banda comienza a colocarse en sus puestos. De repente las luces de colores y la música comienzan a sonar creando un espectáculo de sombras, en el que se ven las siluetas de Amparo, Cristina y el bajista Samuel Titos.



La puesta en escena de Dover está currada: luces, bolas de espejos discotequeras y un enorme cartel de neón con el nombre del grupo, convierten el concierto en un espectáculo visual. Si a eso le añadimos la gran calidad del directo de Dover, tenemos un pedazo de concierto como el que he tenido la suerte de disfrutar esta noche.
Por desgracia, siempre tiene que haber algún tocacojones y esta vez no iba a ser menos. Un grupo de chicos habían acudido claramente para reventar el concierto gritándoles "¡vendidos!". Nunca entenderé por qué cojones va alguien a un concierto que no le gusta solamente para incordiar.

En fin que creo que la banda debe estar ya acostumbrada a las ampollas que ha levantado su cambio de registro musical (a mí me gustaban más antes, pero tampoco significa que ya no se pueda escuchar su música), por lo que se lo tomaron con cierta filosofía y hasta le dedicaron una canción al grupito en cuestión.



"Amparo: -Esta canción se la vamos a dedicar a estos chicos que están aquí gritándonos todo el rato vendidos... en vez de haberse ido a casa y leerse un buen libro o hacer algo productivo en su vida, o haberse ido a ver a su grupo favorito... pues para vosotros, cariño, para que aprendáis que en la vida no es todo como vosotros queréis...".




¿Qué decir de un concierto de Dover?, nunca dejan de sorprender. El carácter auténtico, fresco y desenfadado de todos sus miembros, y en especial de las hermanas Llanos, convierte a Dover en un grupo único. Siempre es un gustazo ver cómo una banda toca y se lo pasa en grande, Cristina incluso encendió varios cigarrillos que se fumó mientras cantaba y deleitó con su habitual repertorio de saltos, bailes y sus movimientos reptantes por el escenario. Se sentó, se tumbó, se revolcó por el suelo y sus fans enloquecieron con ello.

Fumándose un cigarro sentada en el borde del escenario. En una ocasión llego incluso a escupir a un lado.




A medida que iba avanzando el concierto y las canciones iban cambiando de las nuevas a las antiguas, le gente fue animándose. Al principio la gente siempre está más comedida en un concierto, pero cuando se van "calentando", se desatan y acaban saltando y coreando las canciones a voz en grito. Y así pasó, que al final acabamos todos totalmente enloquecidos y algunos, como yo, hasta afónicos xD.


Serenade, su primer éxito.



Hubo varios momentos geniales como por ejemplo el momento en que alguien del público le dió unas gafas con lucecitas azules a Amparo y se las puso un rato mientras tocaba. Después Cristina también se colocó unas gafas rojas que ignoro si se las habrían dado o eran suyas.

A la izquierda, Amparo y sus gafas azules.




Cristina y sus gafas rojas.




Tras tocar su repertorio, la banda se despidió y Amparo dijo: "si os apetece más nos lo pedís y por supuesto volvemos encantados, porque queremos deciros que para nosotros ha sido un honor volver a tocar un año más en las fiestas de Torrejón, nos sentimos como en casa..." y después de esto apagaron las luces y abandonaron el escenario. Obviamente estaban preparándose para el bis y un rato más tarde salieron a tocar dos de sus grandes éxitos: Devil came to me y Let me out.

Por lo visto el grupito tocacojones se había ido ya y así lo advirtieron las hermanas Llanos ante las risas de todos los que nos habíamos quedado a esperar el bis.

“Cristina: -Se han pirao cagando hostias”.


Let me out



Pusieron el broche final con Let me out y dieron por concluida la noche, agradeciéndonos a todos el haber hecho que, tras 4 años, tocar de nuevo en Torrejón siga dejándoles un buen recuerdo. Lanzaron varios palillos de batería entre el público y se despidieron de todos deseándonos que nos fuera muy bien en la vida si no nos volvíamos a ver.


Una vez finalizado el concierto, la multitud se dispersó y como ocurriera el viernes, varios fans se acercaron a las vallas esperando ver a los miembros del grupo y conseguir que les firmaran los palillos de batería que habían cogido al vuelo. No me lo pensé y me uní al grupo pensando que tendría la misma suerte que el viernes. Sin embargo, las medidas de seguridad (quizá por culpa del grupito tocacojones) se duplicaron y solamente dejaban pasar a los fans de uno en uno. Me hubiera quedado, pero había una cola bastante grande de gente y yo me encontraba muy cansada, así que me despedí con pena del lugar y me volví para casa.
Es la única espinita que me ha quedado, por lo demás me ha encantado el concierto y apunto a Dover en la lista de grupos de los que no hay que perderse sus conciertos.


Lo siento porque la calidad de vídeo y de foto no es muy buena y las canciones no están completas, pero mi cámara chupa batería que da gusto y encima luego no enfoca bien. Odio a muerte mi puta cámara de fotos, pero no pienso comprarme más cámaras hasta que no ahorre (lo veo jodido) y me compre Mi querida Canon EOS 450D, mientras tanto a joderme.